Yarrington, el exgobernador detenido, era “compadre” de Bush y de los Zetas

Tamaulipas es un estado grande, de más de tres millones de habitantes, fronterizo y penetrado hasta el tuétano por los cárteles de la droga. Es también el lugar del que menos saben los mexicanos; sus medios han sido silenciados y hasta usuarios de las redes sociales han sido asesinados por escribir más de la cuenta.

Con la detención en Italia del exgobernador Tomás Yarrington (1999-2005), por trabajar para el cártel del Golfo y los Zetas y permitir que pudieran operar con tranquilidad, se confirma que la putrefacción en Tamaulipas va de arriba a abajo, que Estados Unidos mueve los hilos de cada captura y que hasta la detención de Yarrington, la noche del domingo en un buen restaurante de Florencia, el exgobernador vivía plácidamente a pesar de que desde hace un lustro había una orden de busca y captura en su contra y de los graves cargos que le imputa la DEA, entre otros el asesinato de un colega de partido.

Su sucesor en el cargo, Eugenio Hernández (PRI), también fue acusado de lavado de dinero, y actualmente afronta un proceso penal en una corte federal estadounidense.

Para no detener el rosario de calamidades a Hernández le siguió en el cargo Egidio Cantú (2011-2016) quien llegó al poder al ganar una votación con unas papeletas en las que aparecía otro nombre. En concreto el de su hermano Rodolfo, asesinado tres días antes de la votación.

Abatido, su hermano, un ingeniero poco conocido, aceptó el encargo del PRI (Partido de la Revolución Institucional) y se presentó a un puesto para el que no estaba preparado. Pero no dio tiempo a cambiar las papeletas y más del 60% de los tamaulipecos metieron en la urna el nombre de un muerto. De aquel asesinato se culpó al crimen organizado y un testigo protegido a Tomas Yarrington. Más de cinco años después de aquello fue detenido en una turística plaza de Florencia.

Nacido en 1957, a Yarrington le gustaban los buenos puros, las motos de agua y poner los pies en la mesa del rancho de George Bush desde que este era gobernador de Texas. De hecho el pequeño Bush decía que Yarrington “no era su amigo sino su compadre” dijo en una entrevista el expresidente. Cuando en 2001 Bush Jr. se convirtió en el 43º presidente de EE UU, en la tribuna de invitados especiales estaba sentado el hoy detenido.

Yarrington había llegado al poder con 42 años después de una meteórica carrera en la que fue alcalde de su ciudad, Matamoros entre 1993 y 1995, donde comenzaron sus coqueteos con el ‘narco’ y Diputado Federal.

Sus buenos manejos, su aire campechano y sus contactos le habían permitido llegar a lo más alto mientras el estado fronterizo se descomponía en manos del crimen organizado. Durante esta etapa de su gobierno (1999-2005) se cometieron algunas de las peores matanzas de un país demasiado familiarizado con la barbarie.

Sin embargo todo iba bien para Yarrington hasta que Antonio Peña Argüelles, su viejo socio y enlace con los cárteles de la droga, fue detenido por la DEA y empezó a hablar.

Según la investigación, a través de él y de su prestanombres Fernando Cano, al ex gobernador de Tamaulipas recibía millones de dólares provenientes del narcotráfico a cambio de protección, según revela una acusación de la Agencia Antidrogas de EU. Estos pagos, de acuerdo con una corte de Texas, llegaban a manos de Yarrington a través de Peña Argüelles, encarcelado en Estados Unidos por lavado de dinero.

Según la DEA Peña Argüelles se escondía en Texas desde que en 2012 “Los Zetas” mataron a su hermano presuntamente por robar dinero del cártel. Ese día, publicó la prensa de San Antonio, Peña recibió un mensaje de texto de Miguel Treviño Morales alias “El 40”, líder del cártel, donde lo amenazaba por haber robado cinco millones de dólares del cártel.

En el mismo mensaje le atribuía culpabilidad en el asesinato del excandidato Torre Cantú. “No seas idiota y pon atención a quién le robas. Y sobre el candidato, fue por el negocio que tienes con Costilla (Eduardo, ‘El cos’ líder del cártel del Golfo), Tomás (Yarrington) y Osiel Cárdenas” decía el texto ventilado por la prensa.

A pocos meses de las elecciones en el Estado de México, las suspicacias han aflorado ante la posibilidad de un manejo electoral de la detención. Actualmente hay dos gobernadores del PRI en busca y captura, Javier y Cesar Duarte, gobernadores de Veracruz y Chihuahua respectivamente.

Tras la detención de Yarrington, que será extraditado a México en los próximos días, el actual gobernador de Tamaulipas, Francisco J. García Cabeza de Vaca dijo que “se cierra un negro capítulo en la historia de Tamaulipas, pero se abren muchas otras que son líneas de investigaciones importantes”.

Al menos dos exgobernadores más de Tamaulipas están en el punto de mira en un estado en el que el edor va de arriba a abajo.

Tamaulipas es un estado grande, de más de tres millones de habitantes, fronterizo y penetrado hasta el tuétano por los cárteles de la droga. Es también el lugar del que menos saben los mexicanos; sus medios han sido silenciados y hasta usuarios de las redes sociales han sido asesinados por escribir más de la cuenta.

Con la detención en Italia del exgobernador Tomás Yarrington (1999-2005), por trabajar para el cártel del Golfo y los Zetas y permitir que pudieran operar con tranquilidad, se confirma que la putrefacción en Tamaulipas va de arriba a abajo, que Estados Unidos mueve los hilos de cada captura y que hasta la detención de Yarrington, la noche del domingo en un buen restaurante de Florencia, el exgobernador vivía plácidamente a pesar de que desde hace un lustro había una orden de busca y captura en su contra y de los graves cargos que le imputa la DEA, entre otros el asesinato de un colega de partido.

Su sucesor en el cargo, Eugenio Hernández (PRI), también fue acusado de lavado de dinero, y actualmente afronta un proceso penal en una corte federal estadounidense.

Para no detener el rosario de calamidades a Hernández le siguió en el cargo Egidio Cantú (2011-2016) quien llegó al poder al ganar una votación con unas papeletas en las que aparecía otro nombre. En concreto el de su hermano Rodolfo, asesinado tres días antes de la votación.

Abatido, su hermano, un ingeniero poco conocido, aceptó el encargo del PRI (Partido de la Revolución Institucional) y se presentó a un puesto para el que no estaba preparado. Pero no dio tiempo a cambiar las papeletas y más del 60% de los tamaulipecos metieron en la urna el nombre de un muerto. De aquel asesinato se culpó al crimen organizado y un testigo protegido a Tomas Yarrington. Más de cinco años después de aquello fue detenido en una turística plaza de Florencia.

Nacido en 1957, a Yarrington le gustaban los buenos puros, las motos de agua y poner los pies en la mesa del rancho de George Bush desde que este era gobernador de Texas. De hecho el pequeño Bush decía que Yarrington “no era su amigo sino su compadre” dijo en una entrevista el expresidente. Cuando en 2001 Bush Jr. se convirtió en el 43º presidente de EE UU, en la tribuna de invitados especiales estaba sentado el hoy detenido.

Yarrington había llegado al poder con 42 años después de una meteórica carrera en la que fue alcalde de su ciudad, Matamoros entre 1993 y 1995, donde comenzaron sus coqueteos con el ‘narco’ y Diputado Federal.

Sus buenos manejos, su aire campechano y sus contactos le habían permitido llegar a lo más alto mientras el estado fronterizo se descomponía en manos del crimen organizado. Durante esta etapa de su gobierno (1999-2005) se cometieron algunas de las peores matanzas de un país demasiado familiarizado con la barbarie.

Sin embargo todo iba bien para Yarrington hasta que Antonio Peña Argüelles, su viejo socio y enlace con los cárteles de la droga, fue detenido por la DEA y empezó a hablar.

Según la investigación, a través de él y de su prestanombres Fernando Cano, al ex gobernador de Tamaulipas recibía millones de dólares provenientes del narcotráfico a cambio de protección, según revela una acusación de la Agencia Antidrogas de EU. Estos pagos, de acuerdo con una corte de Texas, llegaban a manos de Yarrington a través de Peña Argüelles, encarcelado en Estados Unidos por lavado de dinero.

Según la DEA Peña Argüelles se escondía en Texas desde que en 2012 “Los Zetas” mataron a su hermano presuntamente por robar dinero del cártel. Ese día, publicó la prensa de San Antonio, Peña recibió un mensaje de texto de Miguel Treviño Morales alias “El 40”, líder del cártel, donde lo amenazaba por haber robado cinco millones de dólares del cártel.

En el mismo mensaje le atribuía culpabilidad en el asesinato del excandidato Torre Cantú. “No seas idiota y pon atención a quién le robas. Y sobre el candidato, fue por el negocio que tienes con Costilla (Eduardo, ‘El cos’ líder del cártel del Golfo), Tomás (Yarrington) y Osiel Cárdenas” decía el texto ventilado por la prensa.

A pocos meses de las elecciones en el Estado de México, las suspicacias han aflorado ante la posibilidad de un manejo electoral de la detención. Actualmente hay dos gobernadores del PRI en busca y captura, Javier y Cesar Duarte, gobernadores de Veracruz y Chihuahua respectivamente.

Tras la detención de Yarrington, que será extraditado a México en los próximos días, el actual gobernador de Tamaulipas, Francisco J. García Cabeza de Vaca dijo que “se cierra un negro capítulo en la historia de Tamaulipas, pero se abren muchas otras que son líneas de investigaciones importantes”.

Al menos dos exgobernadores más de Tamaulipas están en el punto de mira en un estado en el que el edor va de arriba a abajo.

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